De la fatiga al sobre entrenamiento

 

El rendimiento  deportivo  depende  de  la interacción de factores genéticos, fisiológicos,  morfológicos,  psicológicos, entre otros, los cuales se convierten en distintas capacidades  y destrezas técnicas, tácticas y físicas, necesarias para el éxito deportivo.

Estas se trabajan mediante cargas físicas que  inducen  fatiga,  condición  necesaria  para  conseguir  adaptaciones.  Sin embargo, la fatiga es un concepto etiopatogénico el cual debe ser analizado con detalle.

Así, existen distintos tipos de fatiga: fatiga aguda (consecuencia de una  determinada  sesión  de  entrenamiento),  fatiga  sub-aguda  (conocida como Overreaching que se relaciona con el microciclo)  y la fatiga crónica (suele aparecer después del mesociclo).

Las dos primeras se catalogan como transitorias. La aguda es un  sistema  de  protección orgánico  y  la  sub-aguda  una   especia   de acumulación  de fatiga residual. Controladas, forman parte  de  la  súper compensación  de  rendimiento  que  se  busca  con  el entrenamiento.

La crónica, puede tener consecuencias sistémicas y patológicas de deterioro orgánico general que, si no se controla como es debido,  podrá ser considerada  como  un cuadro  de  sobre entrenamiento.

 

Sobreentrenamiento

Este tendrá mayores plazos de recuperación en torno a semanas y/o meses, dependiendo   de  múltiples  factores como la duración  de  la  exposición, situación fisiológica del deportista, entre otras.

El diagnóstico de sobre entrenamiento es clínico y se logra a través de la historia del deportista.  Los síntomas pueden ser muchos, pero destacan la disminución   del  rendimiento   que   persiste, trastornos del estado de ánimo y falta de signos/síntomas o de otras posibles causas de la disminución en el rendimiento.

Los trastornos de ánimo serán valorados a partir de  infecciones, enfermedades metabólicas,  deficiencias  de  nutrientes  y/o  depósitos  de  los  mismos, por lo que deben ser diagnosticados  a través de  diferentes  pruebas  como análisis de sangre, para determinar un perfil metabólico  completo  (función renal,  potasio,   magnesio,   glucosa),  hemograma  completo,   velocidad   de sedimentación globular, proteína C-reactiva, perfil férrico, CK y TSH (hormona estimulante  de la  tiroides).

Los  marcadores hormonales  se muestran como  posibles  futuros  indicadores  de sobre entrenamiento,  ya que  últimamente  proveen  resultados  prometedores  (índice Testosterona/Cortisol).  No obstante, éstos tienen una multitud de variables de confusión como la estacionalidad, la fase del ciclo menstrual, la temporalidad diaria, etc.

Al mismo tiempo,  no se debe olvidar la faceta psicológica como  ayuda  para  diagnosticar  un  sobre-entrenamiento.  Para ello,  existen diferentes técnicas de diagnóstico y control como el Test de POMS y el Test de Borg.

Por el contrario, valores fisiológicos como la frecuencia cardiaca (tanto   máxima   como   en  reposo,   que   deberían  de   bajar   y  subir, respectivamente)   o  la   concentración   de  lactato,   no  se  postulan   como indicadores   tan   específicos   de   esta   patología   debido   a  posibles contaminaciones en dichos datos.

Dada la naturaleza confusa y el origen incierto del sobre entrenamiento, es difícil plantear como llevar a cabo una prevención del mismo. Lo que está claro, es que ésta pasará por un filtro y por una correcta educación  tanto del  deportista   como   del  entrenador,   utilizando  herramientas   de percepción de la fatiga en distintas sesiones.

Finalmente, se deben tener en  cuenta  medidas   preventivas   como   por ejemplo una disminución   gradual   de  las competiciones, el ajuste  del  volumen  e intensidad  del entrenamiento,  una hidratación  adecuada,  una  ingesta  de  hidratos  de  carbono  adecuada  o un correcto descanso mediante el sueño.